Jigoku-Dayû se ve a sí misma como un esqueleto en el espejo del infierno

Jigoku-Dayû se ve a sí misma como un esqueleto en el espejo del infierno

De qué forma nos acerca la ansiedad como amantes
siempre ha sido matemático
mientras hablás con el novio que te trata mal
y yo estoy en tu cama,
el nerviosismo es nuestro afrodisíaco.
Cuando uno se desprende de la vergüenza las cosas se ven con claridad:
Este colchón no ha olvidado
la colcha de superhéroes de tu hermano menor
han pasado tres años
pero las relaciones siguen patrones,
como si siempre se quedaran
los pliegues de la sábana
y vos estuvieras todavía, desnudo, viéndome desde el pasillo,
Teléfono en mano, aún parado;
yo en la cama apretando la sábana
inspeccionando tus calzoncillos;
ambos doblándonos dentro de nosotros mismos.

La muerte deja guirnaldas bienvenidas en mi espalda,
la muerte se tiñe el pelo negro y me mira erecta y sonríe,
me pregunta si le gusta lo que me hace mientras se pone encima de mí, lento y después rápido,
siempre que la muerte me mira tiene tu rostro.

En retrospectiva entiendo,
cooperación y altruismo sobre agresión, como los bonobos.

Ha pasado el tiempo y ya me puedo burlar de mí mismo
en calzoncillos, sigiloso,
para que a tu novio no le surjan sospechas,
aunque te llama porque sabe,
y vos sabés y yo sé.
Eso es el drama.

Han pasado ya tres años
ya nadie está con nadie
y los tres nos seguimos engañando.

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La incertidumbre

Jamás leí a Borges