Mantequilla de maní

Mantequilla de maní

Siempre tengo hambre
y ganas de sexo.
Es un hecho.
Y, si hablamos
en serio, la nueva
mantequilla de maní
sin procesar no es
buena y deberían
comprarla en frascos
de vidrio como siempre
en el supermercado
más grande.
Soy enemiga
del cambio, como
bien saben. Todo
lo nuevo que acepto
son, en realidad,
cosas viejas
reestrenadas: nadar,
la sensación de ser sucia en
cuerpo y mente,
el verano como
una época para no
hacer nada y ganar
cero dinero. La oración
como último re-
curso. El placer
como un medio
y, de nuevo,
como un medio
sin un objetivo
claro. Me opongo
absolutamente
a todo tipo de
metas. No tengo
ganas de saber dónde
esto o cualquier otra
cosa me incumbe.
Cuando el agua
hierve me sirvo
una taza de té.
Leí las obras
completas de Proust
accidentalmente.
Fue en verano.
Yo estaba ahí
y él también. Yo
escribo porque
me gustaría
ser usada muchos
años después de
mi muerte. No
sólo mi cuerpo
será compost
sino las ideas
que dejé durante
mi vida. Durante
mi vida fui
una mujer de
ojos marrones. Afuera
de mi ventana
hay un silo
chueco. Pienso
en partes de tu
cuerpo como
en franjas que
he aprendido
a amar. Nadamos
desnudas en
estanques y
yo escribo
sobre tu espalda.
Mis ideas
sobre vos no están
precisamente
prohibidas, sino
exaltadas porque
son inútiles,
no tienen como fin
atraparte
porque te tengo
y me amás.
Son un patio
donde juego
con tu reflejo
en mi hasta
que regresás
y puedo clavar
mis dientes
en tu cuerpo
real. Con vos
sé cómo relajarme.
Y así trabajo sobre
tu espalda,
que es preciosa.
Decís que la naturaleza
está fuera de control
y que eso es lo
que tiene de bueno.
Estoy inmoderadamente
enamorada de vos,
desarmada
por tus canas.
¿Por qué
lo que conozco
desde siempre no sería
lo mejor? Te amo
desde mi niñez,
cuando todos
los días eran iguales,
crecimiento azaroso
y brisas, amor
constante, un
sándwich al
mediodía,
un pequeño paso
en el inmensamente
convencional
camino del
Sol. Entorno
los ojos.
Parpadeo.
Y empiezo
el viaje.

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Poema incluido en Yo no. © Mansalva, 2018. Todos los derechos reservados.

Traducción de Rodrigo Olavarría.

Fotografía de Irene Young.

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Episodio 4: «Todos somos eso: déficit atencional»