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'El amigo', de Sigrid Nunez

La amistad es un ejercicio que supone no solamente el encuentro constante, el diálogo distendido y los intereses comunes, sino también, y sobre todo, la memoria compartida y la evocación. Y es esto último lo que es posible encontrar dentro de la última novela de la escritora neoyorquina Sigrid Nunez. La ausencia física de uno de sus mejores amigos, que además fue su mentor literario, es el punto de partida para desarrollar una historia donde se entreveran sus afectos, el oficio de la literatura y la convivencia con Apollo.

Apollo es el perro (un gran danés gigantesco, afligido y artrítico) que le encomendó su amigo a la narradora antes de fallecer. Esta mascota se convierte en un personaje fundamental a lo largo de la novela, evocando muchos de los principales recuerdos de aquella amistad. Pero a su vez, es Apollo quien propiciará también algunas reflexiones inmediatas sobre ese otro tipo de afecto: el que se crea  junto a un animal en un proceso paulatino de descubrimiento mutuo.

En este sentido, es también revelador que los humanos que aparecen y desaparecen a lo largo del texto son impersonales: es el recuerdo del amigo escritor y mujeriego, sus amantes y las farras, es la reunión y las conversaciones con quienes fueron sus esposas (que en vez de nombres, son números: esposa uno, esposa dos, esposa tres), son los autores que abren el diálogo para entender la circunstancia de la pérdida, y también, aquellas situaciones que arrojan luz sobre la convivencia de una escritora sola, en un pequeño apartamento de Manhattan, acompañada de este perro que ahora ocupa buena parte de ese limitado espacio.

La arquitectura de la novela es entonces una miscelánea de anécdotas, de entradas de diario, de citas y referencias literarias donde figuran los descubrimientos y las frustraciones de los adioses y las adaptaciones, de lo que implica atender y aprender a convivir con el fantasma de una vieja amistad y con una nueva mascota. Fragmentos que, al aparecer a manera de ráfagas o chispazos, proponen asimismo un proceso paralelo de atención, de descubrimiento y exploración emocional.

De esta manera, el desarrollo narrativo irá siempre al lado de los aspectos más cotidianos y de la convivencia diaria: «¿Qué somos, Apollo y yo, sino dos soledades que se protegen, se tocan mutuamente y se saludan?», se interroga la narradora. Una pregunta que condensa en buena medida ese proceso que, simultáneamente, significa despedida y encuentro.

No obstante, pese a lo que podría pensarse a partir de esta breve descripción del argumento, el tono que atraviesa El amigo no cae en ningún momento en la conmiseración. Tanto las evocaciones, como la enumeración de anécdotas, las reflexiones diarias como las referencias literarias traídas a cuento, componen –a lo largo de esta narración– un ingenioso registro donde la contemplación puede estar acompañada de la risa cómplice, y la frustración acabar de manera hilarante.

Pese a que, como la misma autora lo ha señalado, el texto está anclado en un evento personal, muy similar al que atraviesa la narradora (como dijo en una entrevista para El Cultural: «Es una obra de la imaginación que incluye algunos elementos ciertos de mi autobiografía»), su condición de texto abierto permite que la novela sea –más allá de las referencias inmediatas– una agradable e ingeniosa indagación de la vulnerabilidad, la compañía y, particularmente, de las complicidades de la amistad.

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El amigo, Sigrid Nunez, Anagrama, 2019, 203 pp.

Traducción de Mercedes Cebrián.