Guadalupe Nettel: «El cuento es precisión, concisión e intensidad, la novela es paciencia y estrategia»

Guadalupe Nettel: «El cuento es precisión, concisión e intensidad, la novela es paciencia y estrategia»

La escritura de la mexicana Guadalupe Nettel circula por lugares incómodos y a veces sombríos de la experiencia humana. En colecciones de cuentos como El matrimonio de los peces rojos (2013) y novelas como El Huésped (2006), El cuerpo en que nací (2011) y Después del invierno (2014), encontramos a personajes casi siempre fuera de la norma: una niña con problemas de vista y una imaginación fértil, un fotógrafo obsesionado con los párpados, un fanático de los cementerios que vive a un costado del Père Lachaise en París y un misántropo cubano exiliado en Nueva York, entre muchos otros seres atribulados que se retratan de manera empática y precisa.

Con libros traducidos a más de 20 idiomas, Nettel es ya una de las escritoras latinoamericanas más importantes. A lo largo de su trayectoria se ha desempeñado en la edición de revistas literarias y del mundo académico (publicó un estudio sobre Octavio Paz). En la actualidad dirige la Revista de la Universidad de México, publicación con casi 90 años de historia y a la que Nettel se ha dispuesto a rejuvenecer.

Conversamos con la escritora mexicana en el marco de la Feria Internacional del Libro y el festival Centroamérica Cuenta.

Un aspecto que me parece llamativo de tus novelas y cuentos es el manejo de los espacios geográficos, que no se reducen a México necesariamente. Si bien esto no es algo nuevo en la literatura latinoamericana, parece que ya se da por sentado que la literatura es un campo en el que las historias pueden escenificarse en muchos lugares distintos, sin reducirse a lo «local» o a representar la idiosincrasia de un país en específico.

Tú puedes ser un lector latinoamericano y leer novelas que ocurren en Japón, en Corea, en Rusia, en Noruega… También como escritor uno tiene derecho a situar sus historias donde quiera. De todas formas, aunque yo escriba sobre México, que lo hago con mucha frecuencia, es un México inventado, de ficción, aunque se parezca al verdadero. La literatura no es la realidad, es verosimilitud.

Además de vivir parte de tu infancia y adolescencia en Aix-en-Provence, al sur de Francia, también viviste varios años en París, mientras cursabas estudios de posgrado, e incluso tenés un libro publicado en francés (Les jours fossils). ¿Cómo es escribir desde una lengua que no es la materna?

Siempre me he sentido mucho más cercana al español, siento que es mi lengua materna, pero tengo una relación casi bilingüe con el francés. Tenía 10 años cuando me fui a vivir ahí. Casi toda mi escolaridad a partir de ahí hasta la universidad la hice en francés, leí muchos autores en francés y de alguna forma fue natural escribir un libro así.

En tu libro El cuerpo en que nací relatas un episodio de infancia en el que inventabas historias sobre tus compañeros de escuela con finales trágicos y espectaculares, pero en lugar de ofender, estas historias resultaban un deleite para los niños y las niñas que en otras ocasiones se burlaban de ti por tu apariencia física, por usar un parche en el ojo y tener problemas de vista. ¿Qué crees que te enseñó este episodio sobre el potencial de la ficción y tu futura labor como escritora?

Yo creo que eso está en el origen justamente de la Guadalupe escritora. Cuando era niña leía mucho y tenía una imaginación, como todos los niños, desbordada. Pero tenía referentes de historias de momias y de naufragios, cosas así, entonces cuando yo me encontraba en la escuela y los niños me hacían bullying, como se dice ahora, porque tenía estrabismo y muchos defectos de vista, hasta usaba un parche para ir a la escuela, la manera que encontré como venganza secreta era ponerlos en el centro de historias desastrosas donde les pasaba todo tipo de calamidades. Un día me obligaron a leer esas historias en clase y yo pensé que no iba a salir viva de la escuela, pero resultó algo totalmente sorprendente para mí que a ellos les gustaba ser personajes de todas esas historias. A partir de ahí encontré un lugar en la escuela, el lugar de la que cuenta las historias, y tuve un pequeño lugar en vez de ser solamente un ser marginal y reprimido. Esa imaginación desbordante se convirtió  en una cualidad celebrada por ellos.

En los últimos años se habla mucho de la auto-ficción, al punto de volverse un concepto muy desdibujado. En El cuerpo en que nací has dicho que te mantuviste fiel a los hechos de tu infancia y adolescencia, pero siempre terminas haciendo ficción, pues la memoria es selectiva y la escogencia del lenguaje utilizado y los hechos que se cuentan y los que no determinan la forma final del texto.  

Totalmente, esa novela es muy basada en la biografía,  prácticamente el 95% de lo que cuento ahí ocurrió, pero soy consciente de que la realidad es intransmisible y que para contar una historia hay que seleccionar aspectos, poner el reflector en algunos lados, dejar zonas de sombra en otros, y que esto que yo cuento, por ejemplo en donde aparece mi hermano, mi madre, toda mi familia, pues tal vez para ellos es un cuento. El tratamiento de ese libro es un tratamiento de novela, hay partes que decido dejar en suspenso, en otras decido acelerar el ritmo, hay rasgos de personalidad de algunos personajes que prefiero no mencionar porque romperían la lógica o la verosimilitud del relato, todo eso lo convierte en ficción.

La relación entre los padres y las madres de la generación del 68 y sus hijos e hijas es un elemento central de El cuerpo en que nací. Esta generación posterior creció con padres muy liberales en algunos aspectos y luego se distancia de ciertas posturas y estilos de crianza, se vuelven quizás un poco más cautelosos, más desencantados. ¿Crees que es una marca generacional?

Creo que sí es una marca generacional, y lo he encontrado en novelas de contemporáneos míos ya sean chilenos, franceses, noruegos o argentinos. En los años 70 la generación de nuestros padres estaba completamente guiada por un ideal de cambiar el mundo, es un ideal muy ambicioso: «vamos a cambiar la sociedad». Entonces todos estos ideales del 68 se manifestaban en la casa, fuimos conejillos de indias, de alguna manera. En algún momento renegué de estos valores porque me pareció un exceso de libertad, cosas así, ahora mi juicio es un poquito más agradecido porque siento que al menos tuvieron la entereza de luchar por lo que creían y nosotros fuimos una manga de decepcionados de antemano.

¿El París inhóspito que describís en la novela Después del invierno está filtrado por la psicología del personaje, o es una experiencia con la que vos te identificás también?

Tiene mucho que ver con la etapa en la que me fui a vivir a Francia ya como estudiante, había estudiado en México la licenciatura y fui para allá a hacer el posgrado. Yo de niña no había vivido en París y es una ciudad particularmente inhóspita, sobre todo durante el invierno. Quería hablar de la experiencia del latinoamericano que tiene la idea de París como la mítica ciudad donde vivieron tantos escritores y escritoras, que fue formativa para muchas generaciones, y el contraste con el verdadero y sórdido París que yo estaba encontrando.

Entonces, sí, está completamente influenciada por diarios, cartas, mails que yo mandaba en ese momento o que escribía en ese momento, y los utilicé como materia prima para escribir esta novela. Fue muy importante crecer en el sur de Francia, además la infancia y la adolescencia son edades muy formativas. París fue el conocimiento de la soledad y el frío, lo que yo llamo el frío europeo y del que quería hablar en esa novela. También hay un narrador cubano que se va de La Habana para vivir en Nueva York y de alguna manera conoce el frío con el que siempre había soñado en sus tiempos habaneros cuando se moría de calor.

Aparte de novelas, has escrito varios libros de cuentos, el más reciente El matrimonio de los peces rojos, del 2013. Siempre se reitera que las colecciones de cuentos son menos aceptadas en el mundo editorial pues son más difíciles de vender que las noveles, pero a vos como escritora, ¿qué te permite el formato de cuento que no es tan fácil desarrollar en la novela o en el ensayo?

Son dos géneros bien diferentes, con orígenes distintos. Un cuento viene más de una imagen, de una revelación, de un instante. Cortázar decía que un cuento, a diferencia de una novela, era una fotografía, mientras que una novela era como una película. Entonces en un cuento hay muchas cosas que quedan sin decir, que quedan insinuadas. Todo lo que pasó después de la fotografía y todo lo que pasó antes se detiene en un instante y ese instante es muy poderoso, es como elegir el mejor fotograma de toda la película y decir «¡este es el que yo elijo!». Es una sensación de gozo la que se produce cuando uno encuentra ese fotograma, esa foto, ese instante. Mientras que una novela es la construcción de todo un edificio. García Márquez decía que escribir una novela era construir con tabiques y escribir un cuento era vaciar en concreto. Una tiene precisión, concisión, intensidad, la otra es más paciencia y estrategia.

Sos directora de la Revista de la Universidad de México, una publicación que se fundó en 1930 y que solo ha tenido a dos directoras mujeres en toda su historia. Para ciertas audiencias este tipo de publicaciones pueden parecer muy tradicionales y hasta anticuadas. Sin embargo, en el último número hay cómics, ilustraciones, textos sobre música (incluso sobre reguetón y hip hop), por lo que la voluntad no es quedarse como una revista tradicional. ¿Cómo abordás este reto?

Fue un reto muy grande, debo de reconocer, pues no es como que yo tenga mucha experiencia dirigiendo publicaciones, es la segunda vez que lo hago, pero la primera era mi proyecto, entonces yo era la que estaba en riesgo y nadie más, mientras que esta es la universidad. Lo que hicimos fue tratar de renovar, de rejuvenecer esta publicación tan emblemática y tan tradicional. No hacer que el público se adaptara a esta tradición, sino adaptar la revista, utilizando su tradición, sin renegar de ella, jugando con algunas épocas, para que fuera al encuentro de las nuevas generaciones. La revista se imprime a cuatro tintas, ahora tiene mucho color, todos los números tienen novela gráfica, en todos los números se habla de temas actuales que le importan a la juventud, y tenemos una página web donde hay blogs, podcasts, formatos que utilizan más los jóvenes. Fue un intento por rejuvenecer esta revista tradicional y creo que lo hemos logrado, es un equipo grande el que trabaja ahí. También me gustaría destacar la apertura de la UNAM para permitir que un equipo de una generación más joven, que ellos llaman el relevo generacional, venga a tomar en sus manos las riendas de esta revista tan importante.

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