Diario

Diario

Agosto 1

Hoy empiezo a escribir un diario. No sé qué actitud tomar frente a él. Supongo que he de escribir cosas muy espontáneamente, pero he estado acostumbrado a escribir cosas que me parecen interesantes y con presunción literaria. He aquí –como dice Radaelli– que un simple cuaderno me tiene en jaque y como he decidido escribir en él todo lo raro que me pasa, dicho simple cuaderno parece un confesor. Tengo cosquillas de presunción literaria y además –ahora no sé qué iba a decir porque me vino a saludar la Catula y aunque me propuse no… ¡ah!, ya me acordé–, además me doy cuenta lo difícil que es ser espontáneo –sobre este particular insistiré en otro momento–, ya estaba pensando en que no era necesario que escribiera todo, ya estaba tratando de traicionar a mi confesor-cuaderno. Claro, escribiré algunas cosas nomás, las que deben o pueda ver que me resultan interesantes, porque debo comprender que por gusto no me pongo a escribir un «diario», tampoco me pongo a escribirlo para de aquí un tiempo mirarlo y recordar las cosas que me pasaron hace mucho tiempo y después da un suspiro… ¡ay! Quiero ejercitar el pensamiento y al mismo tiempo aprovechar lo que valga la pena de lo que en él escriba. Pero pienso que nunca podría escribir para mí, porque siempre pienso que lo que escribo se lo leeré a otro, a uno de mis amigos por ejemplo. Quiero también experimentar mi constancia en este sentido, porque para nada que no sea amor a muchachas, he sido constante; ya he pensado que hoy por ser el primer día escribiré mucho, capaz que lleno el cuaderno y mañana nada.
Lo mejor que dijo hoy la Catula es que no fue al campeonato porque hubiera tenido que ponerles numeritos a los huesos, el chiste no debe ser de ella, porque parecía trabajadito, como los trabajan varios que le van agregando pedacitos y perfeccionándolo, es un chiste folklórico de la casa de Catula.

Ya estoy tratando de escribir en el «diario» todos los pensamientos que creo que me servirían y estoy como quien saca de un bolsillo papeles y algunos los tiene arrugados porque les ha puesto encima otros, ¡qué injusticia, ni el pensamiento arrugado llega a valer la pena! ¡Y después, qué cobardemente lo desarrugaré! ¡Qué humillación!


Agosto 2

Hoy he tenido el sacudimiento más grande de mi espíritu, el día que se ha enloquecido más mi voluntad. Hace dos noches que sufría un miedo horrible, nunca me medí con la muerte de esta manera, nunca sentí cómo sería si me muriera pronto, nunca pensé así en mi vida, en mi acción, en algo tan profundo, tan angustiosamente sincero, nunca fui tan actor en lo de estar en la vida y pensar cómo me moriría. Pero hoy al levantarme he tenido el sacudimiento más extraño, la excitación de mejor calidad. ¿Por qué me pasa esto? Porque leo Sacha Yegulev.
Se reunieron todos los pensamientos sobre la acción, sobre la voluntad, me dio más vergüenza que nunca de mi inconstancia, tenía un odio y una repulsión violenta a mi cuerpo, y empecé a hacer algo, pero sin detenerme a pensar, y haciendo ironía continuamente sobre lo de pensar tanto cuando se realiza tan poco, cuando se espera que lo de ahora sea uno de los tantos ataques de acción y esto no me durara más de dos días, ¡qué espanto!, sentía que ese fuego no se me apagaría nunca, y ahora siento que la realidad es una cosa larga y no corta, es intensa, ¡qué rabia tenía en pensar que se me apagaría eso!, que un médico me clasificara como uno de los abúlicos y ya estuviera explicado también por qué eso me duraría poco, cómo era mi abulia, cómo me clasificaba, cómo era la enfermedad, ¡qué clase de abulia era! Hoy anduve todo el día, estoy cansado, pero ¿mañana no estaré como hoy?
Esta mañana decía que ahora de noche escribiría lo que me pasaba, pero hoy lo pensaba mejor, ahora estoy cansado. Hoy he pensado que el poema, la obra más grande del mundo en todas sus épocas es Sacha Yegulev.

Agosto 8

Hoy he resuelto escribir un diario porque he encontrado un cuaderno tan lindo; pensé en escribir en él todo lo que me parecía interesante de lo que me pasaba, en lo que sería de útil guardar cuanta cosa se me ocurría, en el  ejercicio  de escribir ciertas cosas, y en muchas otras consecuencias que me han obligado a pensar ciertas cosas, y en muchas otras consecuencias que me han obligado a pensar este cuaderno tan lindo. Lo único extraño que encuentro en él es precisamente que tenga 188 páginas –en esta última frase me parece que la palabra «precisamente» está de más, no, quién sabe–, hace llamar la atención el límite de páginas. Antes de empezar a escribir me daba pena por ensuciarlo con cosas que no fueran interesantes, pero explicaré lo que me decidió a empezarlo –antes tengo que decir que lo iba a empezar en la otra hoja, pero como todas están numeradas creí mejor no desaprovechar ninguna–. Bueno, adelante. Resulta que al mismo tiempo que tenía unas ganas bárbaras de empezarlo, tenía también una actitud de poca intimidad y de cierta cosquilla literaria ante un cuaderno, lo cual me daba rabia y me ha hecho pensar que nunca he escrito cosas enteramente espontáneas y que no sé hacerlo y que resulta que esto no es malo al fin, pero quiero hacer ejercicio de escribir cosas que no me interesan mucho o tentarme por caminos que se encuentran cuando uno empieza hacer una cosa de gusto. No sin embargo he dejado de tener cierta tensión frente a mi confesor-cuaderno, pero ya pienso en mentirle no diciéndole todo sino solo algunas cosas nomás, y si no vean que feo es decir todo: resulta que yo había empezado otro cuaderno, y después encontré este que me gustó más y estoy copiando algunas de la cosas que escribí en otro. Bueno, para decidirme a empezar este y no importárseme empezar ensuciándolo, empecé a pensar que hoy escribiré mucho porque es el primer día, que no tendré constancia para escribir todos los días, que escribiré en él muchas macanas, etc. ¿Pero qué fue lo que me hizo pensar esto y decidirme a mancharlo? ¿Por qué busqué pensamientos para disculparme de que lo empezara  a ensuciar? Todo es una cuestión de sensación: tenía la novelería del cuaderno.
Bueno, vamos a ver cuánto me dura, pero seguramente que hoy volveré a escribir y será antes de la noche.
¡No te dije! Pero quiero hablar sobre lo difícil e imposible que es ser espontáneo, seguramente eso es nebuloso, sin límite, pero es una macana aclarar si se debe ser espontáneo o no, aunque ésta sea otra aclaración. Lo espontáneo puede ser un resultado. Otra cosa es que tampoco puedo ser íntimo en lo que escribo, porque siempre pienso en que lo leerá otra alguien. Otra cosa sobre lo espontáneo: cuando se tiene bien la sensación de lo que es, no dan ganas ningunas de decir cómo es.
¿Y por qué estas ganas de aclarar  o hablar  cosas de la espontaneidad? Es por la tensión, por la inquietud extraña de empezar el cuaderno.
Se me ocurre dar la sensación de por qué es tan poco interesante tratar la espontaneidad cuando se conoce; quiero dar un poco la sensación y empezaré la cosa así: empezaré por satisfacer la necesidad explosiva que se tiene de fórmulas, empezaré por hacerlas aunque después las deshaga. En tanto a la espontaneidad absoluta, existe en movimientos, palabras de asombro y muchas otras cosas que no tienen que ver con arte; en arte existe las cosas que quedan espontáneas, pero bien dijo don Oscar: «A ningún artista la obra lo toma desprevenido». Copiaré también del otro cuaderno algo de la consciencia y subconsciencia, y la de lo espontáneo me meteré en lo subconsciente. La consciencia y la subconsciencia se confunden en el proceso de la obra, pero se puede decir que el que hace la obra aprovecha conscientemente los fenómenos subconscientes. También al ponerse a trabajar conscientemente se tienta el estado de subconsciencia, y no se sabe ni interesa saber qué proporción existe de una y otra cosa en el momento de realizar la obra. Pero, hay falsificadores que hacen todo a consciencia, y en este caso es horrible hacer las cosas puramente a consciencia por más bien hechitos que les queden. Otros de los que trabajan a consciencia dicen que se «buscan», y de éstos que buscándose quieren tentar la subconsciencia, hay quien no se encuentra nunca, quien pretende haberse encontrado, etc., etc., etc., etc.
Creo que lo mejor es ponerse a trabajar conscientemente, y la subconsciencia hará algo así como traicionarnos y aparecerá  a pesar de la consciencia que creamos tener.
Bueno, más adelante seguiré escribiendo sobre el compromiso que le pone a un hombre un simple cuaderno, cómo se cuida, se mide y le trata de dar toda clase de explicaciones.

Octubre 23

A pesar del trabajo hecho de la novela, no tengo entusiasmo por seguirlos; no es eso lo que más me gusta, en fin, veremos… tengo otros apuntes de esto mismo, de la novela.

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'Seres queridos', de Vera Giaconi

Hoy pasaron tres cosas